Imagen de un  cuadrúpedo de rasgos felinos. En su cabeza tiene tres cuernos. Su bigote semeja a fauces o colmillos pequeños y redondos, que se curvan alrededor de su cabeza hasta detrás de las orejas. En su ombligo se encuentra una gema de color amarillo, y posee cuatro patas cubiertas por nubes con tres garras afiladas de color rosa oscuro.

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Steve Jobs y su inolvidable discurso de Stanford. Noticia publicada originalmente el 28/12/2011

Publicado por Luky-tolololcolalocarregalizada el 2015-01-16

Steve Jobs
ha muerto.
Algo que él ya sabía: "Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón". La frase la pronunció en uno de los discursos más bellos que
se recuerdan, durante la graduación del curso 2005 de Stanford, mezclando su vida, su trabajo y una palabra que siempre ha estado asociada a Steve Jobs:
vocación. Los 14 minutos del vídeo, hoy, 6 de octubre de 2011, son imprescindibles. Han pasado seis años y, sin embargo, ningún día tuvo más sentido aquella

frase
de "sigue hambriento, sigue alocado".

Las tres historias de Steve Jobs hablaban sobre "conectar puntos". Primero, desde su propio nacimiento y el origen de esa chispa que le llevó a crear Apple
con 20 años. Después, con "el amor y la pasión" por su trabajo, algo que hizo que se recompusiera ante la adversidad y fundara algo tan mágico como 'Pixar',
la creadora de la primera película de animación por ordenador, 'Toy Story'. Y, la tercera historia de Steve Jobs, precisamente, sobre la muerte: "Recordar
que voy a morir pronto es la herramienta más importante de la vida".

Minutos más tarde, confesó que ahora era más consciente de que su enfermedad, el cáncer, había terminado motivando su vida. Steve Jobs se repetía: "Si hoy
fuera el último día de mi vida, ¿haría lo que voy a hacer? No hay razón para no seguir... Nadie quiere morir, incluso los que saben que van a ir al cielo.
Pero hay que renovar, lo nuevo sustituye a lo viejo y así debe ser".

Pero quizás, las palabras que más resuenan del discurso de Steve Jobs en Stanford son las dedicadas a la vocación: "A veces la vida te golpea con un ladridllo.
No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me ha mantenido en pie ha sido
amar lo que hago.
Tenéis que encontrar lo que amáis. Vuestro trabajo es una parte muy importante en la vida, y la única forma de queda satisfechos es creer que estáis haciendo
algo grande. Amad lo que hacéis".





La primera es la decisión de fundar una empresa apartándose del camino marcado y acudiendo a los cursos de la Universidad que más le interesaban, siguiendo
su propia intuición y curiosidad, y cuyas enseñanzas incorporó en la tipografía del ordenador Apple Macintosh.

La segunda es el momento en el que fue despedido de Apple, la empresa que él mismo había fundado, y tuvo que empezar de nuevo. Según él, esa situación
lo obligó a cambiar el peso del éxito por la ligereza del principiante, entrando en lo que él considera su período más creativo. Fundó la compañía informática
Next y la compañía de animación Pixar, que realizan "Toy story". Para Steve Jobs, lo importante es amar lo que uno hace, y si no se encuentra, seguir buscando
lo que uno quiere hacer.

La tercera historia es sobre la muerte, en concreto, habla del diagnóstico de cáncer de páncreas que le hizo verla muy de cerca y de la importancia de
vivir cada día pensando si realmente uno va a hacer lo que quiere hacer. Como dice él, recordar que uno va a morir pronto es la mejor herramienta para
tomar las grandes decisiones de la vida.

Las tres historias muestran la personalidad de un líder nato, que siguió su intuición y su curiosidad en todo momento, con un gran amor por lo que hacía
y sin miedo a tomar decisiones arriesgadas. La compañía que fundó, Apple, es un reflejo de ese carácter, que ha marcado una línea a seguir, probablemente
gracias a la intuición de su líder, arriesgándose en numerosas ocasiones y apostando por unos productos que, aunque no siempre son pioneros, casi siempre
rompió el mercado gracias a un estilo y a una calidad superiores a los de sus competidores.





El discurso lo pronunció Steve Jobs el 12 de junio de 2005 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford, cuando creía que su cáncer de páncreas
estaba superado.

En este discurso Jobs recuerda su origen de "niño no deseado" que fue acogido en adopción y que, a pesar del esfuerzo de sus padres de acogida, no terminó
la universidad: "una de las mejores decisiones que tomé".

Lo mejor que le pasó en la vida, decía, fue ser despedido de Apple, la empresa que fundó: "me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi
vida" y entonces creó NeXT y Pixar y cuando Apple compro la primera volvió a la empresa de la manzana para hacer de NeXT el corazón de la nueva Apple.

Dice en este discurso que la despedida de Apple fue "una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba...estoy convencido que lo único que me
permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía".

La tercera parte de su discurso trata de su enfrentamiento con la muerte tras ser detectado un cáncer de páncreas: "nadie quiere morir" pero "es el agente
de cambio de la vida. Elimina lo viejo para dar paso a lo nuevo".

El tiempo tiene límite, dice en el discurso, "no lo pierdan viviendo la vida de otra persona". Y más adelante: "no permitan que el ruido de las opiniones
ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición...todo lo demás es secundario".
Whole Earth Catalog: "permanezcan hambrientos. Permanezcan descabellados".




A tenor de las reflexiones que se han podido leer estos días en las redes sociales y en blogs personales, las palabras de Jobs a los recién licenciados
de Stanford han inspirado personal y profesionalmente a muchísimas personas, y muy especialmente a algunos destacados emprendedores.

En este discurso -titulado “Tienen que encontrar eso que aman” y cuya
transcripción
se puede consultar en La Vanguardia.com- Jobs explica tres breves historias: la primera, sobre “conectar puntos”, en relación a su infancia y educación;
la segunda, sobre “amor y pérdida”, sobre su despido ( “Lo mejor que me pasó en la vida”) y posterior regreso a Apple; y la tercera, sobre “la muerte”
(el discurso fue pronunciado el 12 de junio de 2005, cuando Jobs creía superado su cáncer de páncreas).


Tienen que encontrar eso que aman”

"Me siento honrado de estar con ustedes hoy en esta ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me licencié. La verdad,
esto es lo más cerca que he estado de una graduación universitaria.

Hoy deseo contarles tres historias de mi vida. No es gran cosa. Sólo tres historias. La primera trata de conectar puntos. Me retiré del Reed College a los
seis meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses más antes de abandonar los estudios. ¿Por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera. Mi
madre biológica era una joven estudiante de universidad, soltera, que decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes
graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací decidieron en el
último minuto que en realidad deseaban una niña. De ese modo, mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles:
"Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?". Ellos contestaron: "Por supuesto".

Cuando mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado en la universidad y que mi padre tampoco tenía el graduado escolar se negó a firmar
los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres le prometieron que algún día iría. A los 17 años fui
a la universidad. Ingenuamente elegí una casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres, de clase obrera, se fueron en la matrícula. Seis
meses después yo no había sido capaz de apreciar el valor de su esfuerzo. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco sabia si la universidad
me ayudaría a deducirlo. Y ahí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Decidí retirarme y confiar en que
todo iba a resultar bien. En ese momento fue aterrador, pero mirando hacia atrás es una de las mejores decisiones que he tomado. Prescindí de las clases
obligatorias, que no me interesaban, y comencé a asistir irregularmente a las que sí consideraba interesantes.

No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el suelo de las habitaciones de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos
para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos de noche, para conseguir una buena comida a la semana en el templo
Hare Krishna. Me encantaba. La mayoría de cosas con las que tropecé, siguiendo mi curiosidad e intuición, resultaron ser posteriormente inestimables. Por
ejemplo, en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones
estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus. Como había abandonado el curso y no tenía que asistir a las clases normales, decidí
tomar una clase de caligrafía para aprender. Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación en el espacio entre las distintas combinaciones de
letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Era artísticamente hermoso, histórico, de una manera en que la ciencia no logra capturar,
y lo encontré fascinante.

A priori, nada de esto tenía una aplicación práctica en mi vida. Diez años después, cuando estaba diseñando el primero ordenador Macintosh, todo tuvo sentido
para mí. Y todo lo diseñamos en el Mac. Fue el primer ordenador con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad,
el Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes proporcionalmente espaciadas. Y como Windows no hizo más que copiar a Mac, es probable que ningún
PC la tuviese. Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales carecerían de la maravillosa
tipografía que llevan. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy
claro mirando hacia el pasado diez años después.

Reitero, no pueden conectar los puntos mirando hacia el futuro; solo pueden conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tienen que confiar en que
los puntos, de alguna manera, se conectarán en su futuro. Tienen que confiar en algo, lo que sea. Nunca he abandonado esta perspectiva y es la que ha marcado
la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida. Fui afortunado, porque descubrí pronto lo que quería hacer con mi vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garaje
de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garaje, transformándose en una compañía
de dos mil millones con más de 4,000 empleados. Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación -el Macintosh- un año antes y yo recién había
cumplido los 30.

Luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que fundaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era
muy talentoso para dirigir la compañía conmigo. Los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse
y finalmente tuvimos un encontronazo. Cuando ocurrió, la Dirección lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años estaba afuera. Y muy publicitadamente fuera.
Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta. Fue devastador. Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer. Sentía
que había decepcionado a la generación anterior de empresarios, que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David
Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado todo a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme
del valle [del silicio, California]. No obstante, lentamente comencé a entender algo. Todavía amaba lo que hacía. El revés ocurrido con Apple no había
cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y decidí empezar de nuevo.

En ese entonces no lo entendí, pero ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de tener éxito fue reemplazada por la iluminación
de ser un principiante otra vez. Me liberó y entré en una de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años, fundé una compañia
llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película
en el mundo animada por ordenador, Toy Story, y ahora es el estudio de animación de más éxito a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple
compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple.

Con Laurene tenemos una maravillosa familia. Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina,
pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido que lo único que
me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar lo que aman. Y eso es tan válido para el trabajo como para el amor. El trabajo llenará
gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que crean que es un gran trabajo. Y la única forma de hacer
un gran trabajo es amar lo que se hace. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán
cuándo lo han encontrado. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando. Y no paren.

La tercera historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años leí una cita que decía algo parecido a "Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable
que algún día hagas lo correcto". Me impresionó y en los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: "Si hoy fuera el último día
de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer?" Y cada vez que la respuesta ha sido "no" varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las
expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello
que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás
desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escáner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. ¡Ni sabía lo que
era el páncreas! Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los seis
meses. El médico me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para morir. Significa intentar decir a tus hijos
todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años, en unos pocos meses. Significa asegurarte que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo
posible para tu familia. Significa despedirte.

Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego por la tarde me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago
y mis intestinos, pincharon con una aguja el páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó
que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático,
curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien. Es lo más cerca que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas
más.

Al haber vivido esta experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era puramente un concepto intelectual: Nadie quiere morir.
Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y
es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida. Es su agente de cambio. Elimina lo viejo para dejar paso a lo
nuevo. Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, serán los viejos. Y serán eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es cierto.
Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas, no vivan con los resultados del pensamiento
de otras personas. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencie su voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón
e intuición, porque de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward
Brand no muy lejos de aquí, en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a finales de los 60, antes de los ordenadores personales y de la edición
mediante microcomputadoras. Se editaba usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras Polaroid. Era como Google en tapas de cartulina, 35 años antes de
que apareciera Google. Era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos. Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The
Whole Earth Catalog y luego, cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía su edad. En la contraportada
de la última edición, había una fotografía de una carretera en medio del campo a primera hora de la mañana, similar a una en la que estarían haciendo dedo
si fueran así de aventureros. El pie de foto decía: "Sigan hambrientos. Sigan alocados". Fue su mensaje de despedida. Siempre lo he deseado para mí. Y
ahora, cuando están a punto de graduarse para empezar de nuevo, es lo que les deseo. Sigan hambrientos. Sigan alocados".

Gracias"

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