Imagen de un  cuadrúpedo de rasgos felinos. En su cabeza tiene tres cuernos. Su bigote semeja a fauces o colmillos pequeños y redondos, que se curvan alrededor de su cabeza hasta detrás de las orejas. En su ombligo se encuentra una gema de color amarillo, y posee cuatro patas cubiertas por nubes con tres garras afiladas de color rosa oscuro.

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Confesiones de una traductora de porno. - Noticia publicada originalmente el 07/11/2012

Publicado por Luky-tolololcolalocarregalizada el 2015-01-16

.¿Tenemos problemas entre hispanohablantes para comunicarnos en la cama?

La pregunta viene a cuento de esta segunda entrega de las confesiones de una traductora de porno y sus dilemas con el "español neutro". Ella, la traductora, es Alejandra Tolj, una porteña en toda ley, y os la presenté aquí, unos días atrás.


¿Molestan o ayudan los subtítulos en el cine erótico?

En lo que a mí respecta, otra argentina, pero en este caso con más de una década en España, puedo confesar que no he tenido que cambiar un ápice mi jerga en la alcoba, porque si un término no se entiende, se explica. No hay discípulo más aplicado que el que está aprendiendo lenguaje pícaro en su propio beneficio.
Pero a los trabajadores de la industria, los abnegados operarios que cumplen su jornada detrás del sexo explícito en pantalla (traductores, subtituladores, distribuidores, entre otros) les da algún dolor de cabeza esto de tener que llegar lejos y profundo en el ancho y larguísimo mercado hispanohablante. Sin ir más lejos, Ale opina que eso que llaman español neutro y que es el que se le requiere a la hora de subtitular cine de alto voltaje cárnico es un mediohermano bobo, que deserotiza, además de tapar zonas y pliegues importantes hechos de píxeles, cartílagos y cueros.
.Pero, qué se traduce y qué no se traduce en el cine porno. Allá vamos.
Uno. La traductora nos cuenta que hay tantas guías de estilo como orientaciones sexuales o "posiciones del Kamasutra" y que todo depende del tipo de película del que se trate y del canal de televisión en el que vaya a emitirse el material en cuestión.

"En mi humilde opinión –dice Ale– el principio básico a tener en cuenta en la subtitulación de una película pornográfica es el siguiente: a nadie le interesan los subtítulos. A decir verdad, diría que molestan. La gente mira porno con propósitos de entretenimiento activo, nada más lejos de la pasividad de sentarse a leer unas letritas. Con este axioma en mente, subtitulo lo menos posible. Entonces descarto las interjecciones y las onomatopeyas, las frases repetitivas y algunos de los ‘inentendibles’. Recuerden que hay ciertos primeros planos que valen la pena completitos (otra razón para obviar los ‘ahh’ y los ‘ohh’). De hecho, todo se escucha, se entiende… o se interpreta. Al final, solo me quedan dos cosas por traducir: Los diálogos de la introducción y del final, más alguna que otra frase suelta durante el acto en sí".

Dos. Al parecer, los problemas presupuestarios de buena parte del cine porno actual, sumados a cierta ‘improvisación’ derivada del oficio del erector, ciertas urgencias, turgencias y estados de ánimo de los protagonistas, hacen que el guión suela pasarse por alto. Así, cuenta Alejandra, "es todo escuchar, entender, traducir y tipear. Y no siempre se oye bien. En muchas ocasiones, lo que se dice no se entiende, o porque el micrófono queda lejos de la acción o porque hay otros ruidos que se cuelan en la escena (los frotes, los gemidos, los golpeteos). Y además, los actores, me atrevería a decir, no tomaron clases de dicción". Como sea, la traductora sigue al pie de la letra el consejo y consuelo de su mentora, Estefanía Casset: "en la traducción de pelis porno, somos todos guionistas".


Rocco Siffredi.

Tres. Si el lenguaje del amor es universal, por qué las traducciones para subtítulos y doblaje no se hacen usando este 'idioma', se pregunta Alejandra. Y también se responde: "al traducir un documental sobre tiburones blancos, mucho problema no hay con dialectos y modismos regionales, pero cuando del sexo se trata, la cosa cambia bastante".

Cuatro. Dick, para ser más precisos. La traductora insiste en que "el español neutro deserotiza hasta a un ninfómano con sobredosis de Viagra y nos hace a los traductores esclavos de la palabra". Pero, pongamos un ejemplo: "en inglés americano hay muchísimas palabras para nombrar las partes del cuerpo femenino y masculino, las posiciones, las prácticas sexuales y las formas. Elijo ‘pene’ porque, en las pelis, las que más hablan son las mujeres. Creo que la razón es clara: los hombres tienen que concentrarse en que la acción no decaiga en otro aspecto, entonces a ellas les toca llenar los huecos (sic) con palabras y demostrar con gemidos y poesía la excitación del momento. En inglés, hemos escuchado hablar de dick, weiner, cock, Johnson, Rod, shaft, snake, bone, hanging meat, Bratwurst (en alemán, 'salchicha'), ding dong, tallywhacker, love muscle, fuck stick, one eyed monster, Mr. Winky, salami, tube, steak, third leg, Willie, Weenie, spitting cobra, anaconda... y sabemos que la lista puede seguir. Su contrapartida en español neutro: pene('pija', bastante más vulgar, en argentino, y 'polla', muy vulgar, en España)."

"Si la fluidez de un diálogo se apoya en el uso de sinónimos –se pregunta Alejandra– ¿cuántas veces se puede decir ‘pene’ durante un acto sexual sin que la otra persona se escape corriendo de la cama y nos denuncie a la Grammar Police?"

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