Imagen de un  cuadrúpedo de rasgos felinos. En su cabeza tiene tres cuernos. Su bigote semeja a fauces o colmillos pequeños y redondos, que se curvan alrededor de su cabeza hasta detrás de las orejas. En su ombligo se encuentra una gema de color amarillo, y posee cuatro patas cubiertas por nubes con tres garras afiladas de color rosa oscuro.

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Por nuestro día, que son todos. - Noticia publicada originalmente el 05/10/2013

Publicado por Luky-tolololcolalocarregalizada el 2015-01-16

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

Todas las flores del desierto están cerca de la luz.
Todas las mujeres bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas,
las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo. Las
mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los
ojos como les gusta y los labios de carmín de chino.
Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando
estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran
sólo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento.
Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden cuántas patatas han comido, las que se sientan
en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a
olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio, ilusionadas, con
vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso. Las
mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las
piernas y arquean la espalda. Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas,
abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.
Las mujeres normales son las auténticas bellezas, sin gomas ni lápices.
Las flores del desierto son las que están a tu lado. Las que te aman y las que amamos. Sólo hay que saber
mirar más allá del tipazo, de los ojazos, de las piernas torneadas, de los pechos de vértigo. Efímeros
adornos, vestigios del tiempo, enemigos de la forma y enemigos del alma. Vértigo de divas y llanto de
princesas.
La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad...


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