Imagen de un  cuadrúpedo de rasgos felinos. En su cabeza tiene tres cuernos. Su bigote semeja a fauces o colmillos pequeños y redondos, que se curvan alrededor de su cabeza hasta detrás de las orejas. En su ombligo se encuentra una gema de color amarillo, y posee cuatro patas cubiertas por nubes con tres garras afiladas de color rosa oscuro.

SALTAR AL CONTENIDO REPRODUCTOR

Y de pronto, hoy es un buen día. - Noticia publicada originalmente el 22/01/2014

Publicado por Luky-tolololcolalocarregalizada el 2015-01-16

Por Alejandro Céspedes, uno de mis autores anónimos más admirados por mi humilde persona.

No entiende por qué tuvo que sucederle a él.

Intenta descifrar el amasijo.

Rastrea la calle nudo a nudo para ver si descubre en cuál d los momentos ocurrió lo esencial. Estira la maraña por si es posible aislar ese segundo que nació con el único afán de fracturarle.

No lo admite.


No puede aceptar que fue así… porque sí… nada más, que todo sucedió sin tener un guión memorizado, que ese día, que los días, corren atolondrados y tienen una venda tapándoles los ojos, que no es cierto que ese miércoles llevase escrito su nombre en ningún sitio.
No comprende que lo que dio sentido a ese desastre ocurrió en el espacio de un largo parpadeo y que él no pudo verlo. Ni que tampoco ahora podrá verlo por más que se desvele cada noche al ordenar de mayor a menor los trozos de vida diseminados al borde de la acera. Hace la autopsia a todos los instantes de ese día para identificar al que fue capaz de desatarlos todos.

No puede recogerlos.

Pero no se resigna.

No puede asumir que ese segundo de ese día de ese mes de ese año nació sin un propósito. Que fue él quien se cruzó de golpe en su camino cuando los ojos de un coche le miraron de frente.

Por más que se lo expliques, da lo mismo. Maldice cada. Vez que escucha decir *miércoles*, cada vez que piensa. En ese día. Para que no existan, al comenzar el año los arranca uno a uno de su calendario.
También se pudren las hojas de ese otoño diferente. Se. Descomponen las sílabas de todos sus insultos.

No se amolda a la idea de que él no es importante, de que todo sucede sin su consentimiento, de que los hechos no tienen conciencia de sí mismos. No entiende que, de pronto, hoy es cualquier día y cae sin un propósito, aunque lo que derrame le salpique.

No.
No le digas nada.
Déjale estar creyendo que es posible desenredar el orden de los días.


Comentarios:

En construcción...