Imagen de un  cuadrúpedo de rasgos felinos. En su cabeza tiene tres cuernos. Su bigote semeja a fauces o colmillos pequeños y redondos, que se curvan alrededor de su cabeza hasta detrás de las orejas. En su ombligo se encuentra una gema de color amarillo, y posee cuatro patas cubiertas por nubes con tres garras afiladas de color rosa oscuro.

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Pensamientos de una estudiante asqueada. - Noticia publicada originalmente el 31/12/2014

Publicado por Luky-tolololcolalocarregalizada el 2015-01-16

Odio a la gente incompetente y que además de eso, se precie de serlo, sin visos de intentar mejorar en algún momento cercano, por lo que procedo a desgranar mi mala leche en estas líneas para quien quiera o tenga ganas de leerlas.


Al hilo de los dramas sociales que protagonizan los sinsabores de estos días inciertos, la crisis, los recortes, las protestas, el déficit del bienestar etc, existen ciertas... "carencias" que nadie parece tener la suficiente osadía de revelar. Por ejemplo, hablemos con cautela de aquellas organizaciones que supuestamente, sin ánimo de lucro y, dicho sea de paso sustanciosamente subvencionadas por el Estado, se dedican en teoría, a velar por los intereses de sus afiliados. Amigos, hablo desde la poca experiencia que me confiere mi edad, sin ánimo de ofender y mucho menos generalizar.
Considero que los hosteleros de media España deberían canonizar a estos fervientes contribuyentes a la economía del café de media mañana, puesto que las cafeterías de media España se llevan las tres cuartas partes de los salarios de sus miembros pseudoprofesionales en horario laborable pero no laborado. Mientras sus organismos son perezosamente invadidos por la modorra del sueldo fijo y el trabajo delegado, el falso corporativismo y la empatía infundada, pocos de sus compañeros, con entrega y valentía, llevan a cabo un trabajo triplicado de ayuda, comprensión y sobre todo, humanidad vocacional. porque sí, existen ciertos empleos para los que hay que valer, por los que merece la pena trabajar más horas sin esperar el billete de rigor, al igual que el músico no cuenta los minutos que precisa para componer una obertura, o el médico no cuantifica el número de vidas que ha salvado a lo largo de su carrera profesional.
Ni siquiera yo seré tan atrevida como para mencionar a qué organismo de ayuda nacional me refiero; pues confiando en la inteligencia de aquel que lea estas líneas, presupongo que basta con citar los pecados para que salga a la luz el pecador indiscutible. También he de decir que si así lo hiciera, si fuera tan valiente como aquellas pocas personas a las que estoy tan agradecida, con seguridad esto me reportaría a largo plazo, muchas más pérdidas que beneficios, porque la libertad en lo que se refiere a esta entidad, es algo limitable y punible en su exceso.
¿Dónde está la motivación de esos que ufanos, se proclaman a sí mismos orgullosos defensores de un mundo sin barreras? En mi caso, pese a la inestimable ayuda prestada en el pasado, las negligencias cometidas por ciertas de esas personas me están
impeliendo a guardar cada vez menos discreción. Es triste confesar que en concreto, por primera vez y gracias a esta labor de celebrado nihilismo, en ciertas esferas de nuestras vidas, algunos de nosotros lamentamos el carácter de nuestra discapacidad que nos obliga a depender de según qué servicios.
Concluyo haciendo un llamamiento a los posibles aludidos, para que contribuyan con su inmediata dimisión al progreso de todo el colectivo y, en menor medida, a mi felicidad personal... ¡¡¡Por favor, ¡al paro!!! Y si tal vez fuera demasiado pedir un poco de humildad altruista por vuestra parte, si como afirma la inocencia infantil existe alguien jerárquicamente superior y competente, Papá Noel..., Melchor Gaspar o Baltasar (a gusto del consumidor), unamos todos nuestras peticiones de justicia para Navidad, porque las malas personas no merecen siquiera carbón.

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